miércoles, 6 de diciembre de 2017

Leroy Sánchez



Leroy Sánchez (1991) es un cantautor de pop español nacido en Vitoria-Gasteiz, España. Desde bastante joven se interesó por la música, incluso aprendió por su cuenta a tocar la guitarra,  lo que le llevó a abrir un canal en Youtube donde acompañado de sus amigos compartía algunos covers de temas de actualidad. Poco a poco y gracias a su talento y constancia empezó a acumular fans hasta que en el año 2010 el productor Jim Jonsin (Beyonce, Usher) se fijó en él. Ese mismo año se mudó a Estados Unidos y adoptó el inglés para las futuras letras de sus canciones. Sus videos han recibido 330 millones de visitas y más de 3.0 millones de suscriptores.
Leroy lanzó dos singles en 2014, "By My Side" y "Little Dancer".
En 2016, fue nominado para Premios Jóvenes , y Teen Choice Award .
Sánchez encabezó la gira del Hombre del Año, su primera carrera internacional, de enero a marzo de 2017 y su Tour elevado, de septiembre a noviembre de 2017. Sánchez lanzó su EP debut, Elevated, el 4 de agosto de 2017. Actualmente también está trabajando en su álbum debut, que se estrenará próximamente.





Fuentes:
Wikipedia

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Kathrin Honesta


Kathrin Honesta es una diseñadora e ilustradora indonesia afincada en Malasia. A pesar de su juventud, ya ha trabajado con agencias tan importantes como Leo Burnett Malaysia o DDB Naga.
Su trabajo es cálido y vivo, colorido, ligero.
Kathrin dice que sus ilustraciones son historias sobre la fe (es creyente  por lo que Dios tiene una gran influencia en su trabajo) y la gente. Vivencias, pensamientos e inquietudes forman parte de sus ilustraciones ya que Honesta reconoce que no se trata sólo de ser bueno estéticamente, sino que también, es importante el mensaje de lo que se está expresando. Sus dibujos contienen frases de libros o pequeños poemas de creación propia.
Muchas de sus ilustraciones forman parte de un “diario honesto” con el que reflexionar sobre ella misma de vez en cuando y ahogarse en pensamientos.

“No he experimentado el "flujo" por bastante tiempo, ya sabes, ¿la sensación cuando te estás enfocando en algo tan profundamente y el tiempo simplemente se escapó? Cuando te golpea, es cuando funciona la magia














Fuentes:
Música:

Salvador Sobral - Amar Pelos Dois

Ajustar las velas

La vida es un soplo, a veces tibio, otras frío, pero lo importante es que siga circulando el aire porque en el soplo que trae la brisa está la oportunidad, puedes ir tras el viento o puedes aprovecharte de él, lo importante es que pase lo que pase nunca dejes de ajustar las velas.


domingo, 22 de octubre de 2017

El Necronomicón, el libro de los muertos

El escritor estadounidense Howard Lovecraft escribió varias docenas de libros, en varios de ellos había una constante referencia al “Necronomicón”. Según se relata, esta obra contenía formulas mágicas y rituales para invocar tanto a monstruos como a demonios, haciendo de éste un material poderoso y quizá el más peligroso conocido por la humanidad.
Durante años muchos lectores han buscado una copia del misterioso libro del que el autor  se aseguró de motivar brindando diferentes pistas… que sólo conducían a un callejón sin salida porque el libro siempre fue una invención.



De todos los libros mágicos del mundo, pocos son tan famosos (o infames) como el Necronomicón, el libro de los muertos.

Se trata de una recopilación de conjuros y rituales antiguos que según el mito traen la locura o la muerte a la persona que trata de ponerlos en práctica. Sin embargo el Necronomicón no es un libro real. Se lo inventó de cabo a rabo (título, autor y origen incluidos) el escritor de novelas de terror H. P. Lovecraft. La primera mención que existe del libro data de 1922, en el cuento corto “El sabueso”. Un año antes, Lovecraft había colado el nombre del supuesto autor del libro, un árabe llamado Abdul Alhazred en el cuento “La ciudad sin nombre”. La idea de un tomo mágico capaz de invocar a dioses oscuros resultó tan atractiva que hasta el propio Lovecraft recibió muchas cartas en vida interesándose por el libro. El escritor siempre negó que el volumen fuera real y explicó en varias cartas que hasta el título también es una invención suya. Sus palabras:
››En relación a los libros terribles y prohibidos, me fuerzan a decir que la mayoría de ellos son puramente imaginarios. Nunca existió ningún Abdul Alhazred ni el propio Necronomicón, porque inventé esos nombres yo mismo. Luwdig Prinn y su grimorio De Vermis Mysteriis fue ideado por Robert Bloch, mientras que el Libro de Eibon es una invención de Clark Ashton Smith. Robert E. Howard debe responder del personaje de Friedrich von Junzt y su Unaussprechlichen Kulten.... ‹‹


El problema del Necronomicón es que Lovecraft se tomó muy en serio el trabajo de crear una historia verosímil alrededor del libro. Para empeorar las cosas, mezcló esa historia con algunos detalles reales hasta el punto de que muchos siguen convencidos de que es un libro real. Entre los datos inventados por Lovecraft encontramos los siguientes:
·         El Necronomicón fue escrito en el año 730 por un poeta y demonólogo árabe nacido en Yemen llamado Adbul Alhazred. Se trata de un personaje ficticio cuyo nombre procede de un pseudónimo que el propio Lovecraft usó en su juventud tras leer “Las Mil y una Noches” (Se trata de una contracción de Abdul All Has Read, el que lo ha leído todo).
·         Alhazred tituló el libro en árabe Kitab Al-Azif (en árabe: El rumor de los insectos por la noche, sonido que el folclore árabe atribuye a demonios como los djins y gules que ya se mencionan en “Las Mil y una Noches”).
·         Alhazred murió en el año 738, despedazado y devorado a pleno día por una entidad invisible en un mercado de Damasco. Parte del libro lo compiló otro erudito iraní llamado Ibn Khallikan. Este último sí es un personaje real.
·         El necronomicón lo tradujo al griego bizantino un monje llamado Theodorus Philetas (ficticio), que fue el que le dio su título actual. Las versiones en árabe y griego se han perdido. Las actuales proceden de una traducción al latín realizada en el siglo XIII por un padre dominico llamado Olaius Wormius. El problema es que sí hay un personaje real con este nombre. Se trata de un médico y anticuario danés del siglo XVI.
·         Pese a que la iglesia católica prohibió el libro, editores españoles y alemanes realizaron un puñado de copias en el siglo XVII. En la actualidad se conservan cuatro copias: una en la biblioteca Widener de la Universidad de Harvard, dentro de una caja fuerte; una copia del siglo XV, en la Biblioteca Nacional de París; otra en la Universidad de Miskatonic en Arkham (Esa universidad no existe) y otra en la Universidad de Buenos Aires.

Todos los datos expuestos hasta ahora, aunque contienen referencias a algunos personajes o instituciones reales, son completamente ficticios e inventados por Lovecraft. El problema es que el Necronomicón y la propia obra de Lovecraft son tan fascinantes que desde entonces muchas otras personas se han dedicado a engordar la bola de mentiras alrededor del supuesto libro. Se dice, por ejemplo, que está encuadernado en piel humana, aunque Lovecraft nunca llegó a describir su apariencia. Hasta se han llegado a subastar copias supuestamente confeccionadas en el Siglo XVII que no eran más que estafas para incautos.
En las universidades donde Lovecraft escribió que se conservan copias del libro han aparecido fichas muy detalladas del mismo (que figura como no disponible). Son obra de bromistas, pero legitiman la ficción de Lovecraft hasta hacerla difícilmente distinguible de la realidad. Se dice que hasta el mismísimo Jorge Luis Borges creó una ficha del Necronomicón en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. No es el único caso. Hay muchas otras universidades y bibliotecas del mundo en las que pueden leerse fichas del libro, aunque el volumen en sí nunca está disponible.
En 1973, la editorial Owlswick Press publicó una supuesta edición limitada del Necronoimicón basada en unos manuscritos supuestamente encontrados en oriente medio por el escritor de ciencia ficción L. Sprague de Camp. La obra está escrita en un dialecto inventado del árabe llamado Duriac.
En esa misma década apareció una versión del Necronomicón escrita por alguien que se hacía llamar simplemente Simon. Se basa muy libremente en las descripciones de Lovecraft unidas a la mitología Sumeria. Detrás del libro está el escritor sobre ocultismo Peter Levenda.
En 1978 se publicó otra versión supuestamente obtenida tras descifrar mediante un superordenador un texto oculto en una obra de John Dee, un científico y ocultista real que sirvió como consejero a la reina Isabel I de Inglaterra y que frecuentemente se le asocia como uno de los traductores del Necronomicón. Hasta se ha llegado a decir que el Códice Voynich es, en realidad, un Necronomicón disfrazado.


A día de hoy, encontrar una copia del Necronomicón es fácil. Solo tienes que acercarte a tu librería favorita o buscar en Internet. Lo que ya no te podemos garantizar es que sea el auténtico, ni que los rituales que describe vayan a ayudarte a algo más que a pasar un rato escalofriante jugando a la magia negra con tus amigos.


Fuentes:

jueves, 12 de octubre de 2017

Las mejores bandas sonoras de terror

El género de terror cuenta con varios elementos para provocar el susto: las luces, las sombras, el escenario tétrico, los espantos repentinos, el maquillaje terrorífico, los efectos sonoros, una puerta que chirria, un suelo que cruje, un trueno que deja sordo, una silueta extraña parada en la oscuridad… ¡pero sobre todo la música!
Más que el personaje, más que la careta, más que la forma de matar, el sello, la marca característica de muchos films de terror son sus increíbles y aterradoras bandas sonoras. Instrumentos que ponen la piel de gallina, notas que paralizan, acordes que aceleran la pulsación cardiaca y el ritmo de la respiración.


- LA SEMILLA DEL DIABLO (Roman Polanski, 1968)
Una pacífica canción de cuna cantada por la protagonista Mia Farrow es el ejemplo perfecto para mostrar como una dulce canción puede tornarse tétrica y angustiosa con el contexto adecuado.  Aunque el compositor polaco Krzysztof Komeda no puede evitar incluir acordes siniestros para recordarnos que esto no va a ser un paseo por el parque. Inolvidable.



 - VIERNES 13 (Sean S. Cunningham, 1980)
Al compositor Harry Manfredini le pidieron una música escandalosamente terrorífica para hacer saltar a los espectadores de sus asientos, algo que evocara cuchilladas  y griterío. Pero él fue más allá y agregó un par de sonidos a su banda sonora. Un susurro con eco, que terminó transformándose en sinónimo de la presencia del asesino.


- LA NOCHE DE HALLOWEEN (John Carpenter, 1978)
Estamos, a mi juicio, ante la mejor banda sonora de su generación y una de las mejores de la historia del cine. Curiosamente, estuvo a punto de solo ser una sucesión de diálogos y silencios. Sin embargo, Las críticas que recibió en los pases previos por no incluir una banda sonora  llevaron a John Carpenter a añadir una partitura a última hora. La compuso, grabó y montó en cuatro días, improvisando directamente sobre el montaje final. El resto, como suele decirse, ya es historia.



- EL EXORCISTA – William Friedkin, 1973
William Friedkin encargó dos bandas sonoras a sendos compositores para este clásico del terror, entre ellos Lalo Schifrin. Pero eran tantas sus exigencias que terminó desechando las dos. Finalmente, compuso la banda sonora con temas preexistentes de distintas fuentes. La más característica, sin duda, Tubular Bells del inglés Mike Oldfield. Aunque originalmente era parte de un álbum de estudio de rock progresivo, su asociación con la película “más aterradora de todos los tiempos” transformaron al tema en un icono siempre ligado a la posesión diabólica, las niñas insolentes y los sacerdotes heroicos. No creo que pueda escucharse su tema principal sin sentir un gélido escalofrío.



- PSICOSIS (Alfred Hitchcock, 1960)
Es muy probable que la mítica escena de la ducha deba gran parte de su grandeza a las afiladas cuerdas del compositor Bernard Hermann, que acompañan a cada puñalada con una fuerza descomunal. Para este emblemático momento, Hermann solo usó violines puesto que, en su opinión, se trata del instrumento que más se asemeja a la voz humana. Esa parte en concreto de esta fantástica banda sonora siempre la relacionaremos con la locura, la demencia y el asesinato. La corona del cine de terror.



- POLTERGEIST (Tobe Hooper, 1982)
Es muy probable que si alguien escucha este tema sin saber su relación con la película no pueda imaginar que se trate de un clásico del cine de terror. Posiblemente piense que se trata de una película infantil o un anuncio navideño. Sin embargo, precisamente es eso lo que hace terroríficamente inolvidable esta composición. Esa “inocencia” con la que Jerry Goldsmith quiso impregnar la canción para después llevarnos a la oscuridad absoluta mezclando los peores horrores inimaginables con la ternura infantil de la protagonista.



- PESADILLA EN ELM STREET (Wes Craven, 1984)
Charles Bernstein fue el primer compositor de toda la saga. Fue escogido por el propio director del film, Wes Craven, y compuso una banda sonora con un sonido típico de la época, utilizando sintetizadores en lugar de una orquesta convencional, y añadiendo efectos sonoros dentro de los temas para lograr transmitir algo del horror de las pesadillas que los protagonistas sufrían en pantalla. El tema principal es uno de los más reconocibles de toda la banda sonora y ya ha quedado asociado al personaje principal.
También merece una mención en especial la inquietante canción de las niñas saltando a la cuerda. Unas estrofas que han conseguido convertirse en un elemento  significativo de la saga.



  -LA PROFECÍA – Richard Donner, 1976
Jerry Goldsmith volvió a hacer de las suyas con la composición de este legendario tema. Richard Donner sabía perfectamente que necesitaba una banda sonora que no pasara desapercibida y acertó de pleno con la elección de Goldsmith. De hecho, este éxito fue refrendado con un Oscar.
Es una banda sonora de terror pleno con coros en latín que cantan al mismísimo Satanás. Esta canción consiguió que una película que no daba especial miedo ascendiera al status de clásico absoluto del cine de terror.



- EL RESPLANDOR (Stanley Kubrick, 1980)
Con esta banda sonora, Stanley Kubrick consigue que, con sólo escuchar los créditos que abren El Resplandor, se te anude el estómago. Con un “temazo” que logra mezclar en siniestra armonía el oscuro poder sobrenatural con la demencia del personaje de Jack Nicholson. Sin duda, se trata de uno de los grandes hitos del terror cinematográfico de la historia.


Fuentes:

viernes, 6 de octubre de 2017

Posters terror


Creo que estamos de acuerdo en que las películas slasher y de serie B tienen algo que las hace especiales, puede que se deba a su inconfundible estilo cutre, a sus planos de baja calidad, a su estética improvisada, sucia y grunge. Hoy te traigo un montón de posters de películas modernas que han sido diseñados con inspiración de estas películas de terror vintage. Todos capturan perfectamente el carácter de los originales usando las herramientas digitales para imitar viejas impresiones del cartel, de aquella vieja tipografía cepillada a mano y con un montón de salpicaduras de sangre.















Fuentes:

domingo, 1 de octubre de 2017

El distrito de la Madeleine


Cortometraje de la película Paris Je t'aime (2006) dirigido por el canadiense Vincenzo Natali en el que un joven turista (Elija Wood) se encuentra con una extraña vampiresa (Olga Kurylenko) en un barrio de París.
Este fragmento pertenece al film “Paris, je t'aime” dirigida por varios directores de distintas nacionalidades, entre los que se encuentran los hermanos Cohen, Isabel Coixet, Wes Craven, Alfonso Cuarón, Christopher Doyle, Walter Salles, Gus van Sant. Está compuesta de dieciocho cortometrajes, cada uno de los cuales sucede en un barrio distinto de la ciudad de París. Además cuenta con la participación de reconocidos actores como Natalie Portman, Elijah Wood, Nick Nolte, Juliette Binoche, Willem Dafoe, Bob Hoskins, Gérard Depardieu y Steve Buscemi, entre otros.
El amor se respira en cada uno de los rincones de París. Diferentes historias sobre la alegría, los encuentros inesperados, las separaciones, etc.
Cuenta con una versión estadounidense, New York, I Love You, estrenada en 2009.
Paris es la ciudad del amor también para los vampiros…


Fuentes:

viernes, 22 de septiembre de 2017

Di que sí

La  tarde  caía sofocante sobre las montañas cercanas moteándolas de un color rojizo.  En un tinte cada vez más púrpura la noche acechaba sobre los plácidos tejados al vecindario. Hacía demasiado calor para hacer nada, y la sensación de agobio crecía lo mismo que la desgana, una desgana que se dilataba, ya sin estructura, como el hielo del vaso.
Tenía las manos encharcadas, la nuca sudorosa, la frente nublada y me dolía la cabeza. Las moscas andaban a sus anchas por la terraza, los mosquitos se afanaban en chuparme la sangre, mi perro ladraba sin parar mientras corría de un lado a otro como si se hubiera vuelto loco por culpa de un gatito majadero que deambulaba provocador por el tejado cercano con un equilibrio digno de un maestro acróbata. Pero aparte de que la tarde caía calurosa, los mosquitos se estaban dando un festín a mi costa y que el dolor de cabeza iba a más, todo era perfecto: la calma, la paz, el silencio, la plenitud de no necesitar nada para ser feliz, ¿qué más podía pedir…? Me gustaba mi nueva vida y adónde me había llevado.
Entonces el timbre sonó insistente resonando en mis oídos. Me incorporé malhumorada, no esperaba a nadie y no quería ser molestada. Traté de no  hacer caso al ruido infernal, pero la persona del otro lado de la puerta no parecía dispuesta a rendirse. Buba, mi perro, saltó hasta la puerta y se quedó quieto, muy quieto y muy calladito, lo cual me sorprendió, mi perro jamás se comportaba de esa manera. Me levanté descalza del sofá, me sujeté un poco mejor el desinflado moño, alisé con una mano los shorts y coloqué el descocado tirante de mi camiseta que insistía en resbalar por mi hombro derecho sin permiso. Miré por la mirilla y no vi nada, pero aquel majadero seguía haciendo sonar el timbre. Suspiré para abrir la puerta en un acto impensado e impulsivo.
–¡Eh, que vas a quemarme el timbre! –grité sin pararme a mirar al que tenía delante, quizá porque mi perro se había arrojado a la puerta, dispuesto a escapar, y yo quería impedirlo.
Lo primero que vi fue una mano que asía por el collar a mi Buba, y luego reparé en el anillo, aquel anillo de poderoso brillo y mágica fosforescencia.
Durante algunos segundos la refracción de la gema bailó en mis ojos hasta que rodó como una bola de billar por el agujero de mis pupilas. Sentí cierta extraña sensación que no sabría calificar cuando esa mano agarró la mía. Rápidamente busqué los ojos de aquel individuo, ojos grises, profundos y siniestros, fríos como el hielo.
–No grites…  –su voz era melosa, y densa como la miel, y a mí no se me ocurrió contradecirle porque el brillo del anillo seguía encandilando mis ojos con cierto poder hipnótico.
Su mano seguía sujetando mi mano que yo no podía recuperar. Se coló en el interior cerrando la puerta tras de sí. Buba parecía hipnotizado igual que yo, mi resistencia no servía porque no se materializaba, así que mi lucha era estéril. Yo era un trozo de granito, y estaba terriblemente asustada por advertir que ninguno de mis impulsos eléctricos funcionaba, ninguna de la ordenes de mi sistema nervioso tenían respuesta.
–No te muevas…
¿Cómo?, pensé, ¿cómo moverme si me sentía hecha de piedra? Intenté no mirarle, alejar el pánico de mí, dejar la mente en blanco, no pensar en la piedra del anillo, no pensar que había techo ni suelo. Debí romper la conexión hipnótica que me atenazaba al intruso porque logré exhalar un grito terrorífico y desorbitado. Acto seguido una mano grande y maloliente me hizo callar.
–Error número uno, ¡no se grita! –Susurró muy cerca de mi oído.
Recuerdo que le miré inquieta sin saber qué hacer, tragando saliva, mirando en todas direcciones, sintiendo un nudo en el estomago. Entonces aquel chico de ojos grises me miró a los ojos fijamente, tanto que me hizo estremecer, creo que nunca había experimentado ese tipo de temor, el del miedo ramificándose dentro de mí con miles de tentáculos afilados.
–Me sorprende que seas cada vez más fuerte, créeme no va a pasar nada que vaya en contra de tus principios, sólo quiero que compartas conmigo un poco de tu fortuna, ¡y del dinero de tu caja fuerte, claro está! Me ayudas y te ayudo, es simple, ¡nada que pueda lamentar una millonaria como tú!
¿Esto ya había pasado antes? ¿Eso había entendido? ¿Ese ladrón cara dura había usado la hipnosis para robarme? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Tan maleable era mi mente? Algunas tinieblas se disolvieron, el recuerdo empezó a aparecer como el humo de una hoguera incendiaria. Ese asaltante sabía lo del premio, sabía dónde vivía, sabía cómo alterar mi voluntad. Me sentí tan invadida que creo que mi primer impulso fue abandonarlo todo, dejarle ganar.
–Esta vez será un poco más, cien mil, para ir tirando… ¡ni recordaras que fue tuyo alguna vez!
Intuí la luz que desprendía la gema acercándose a mi rostro. Era una luz roja que hizo que me escocieran los ojos. ¡Esto no podía estarme pasando a mí, no podía dejarle ganar!
–Y no vuelvas a cambiar la contraseña, es terriblemente frustrante –dijo llevándome por la casa hasta el punto exacto dónde yo ocultaba el dinero, obviamente ya había estado allí.
Llenó una bolsa con billetes que ni él ni yo contamos. Seguramente mucho más de lo que venía a buscar.
–Eres mi mejor marioneta, ¿sabes?, la más generosa –sus manos acariciaron el tirante caído sobre mi hombro lo que me hizo desfigurar la cara por el asco–, siempre es un placer visitarte…
Mi primer impulso había sido gritar, pero mi segundo impulso más irracional que el primero fue golpearle, arrebatarle el anillo, revolverme con él en la mano para advertirle que no diera un paso más hacia mí. Imagino que no se lo esperaba porque se carcajeó con incredulidad.
–¡No podías permanecer calladita y sin moverte, eh! Ahora tendré que hacerte daño, ¡anda!, devuélveme eso...
Hablaba en serio pero yo me adelanté volviendo a atacarle. El brillante anillo le arañó el rostro, rasgando su cara, abriendo una herida que le cruzó el pómulo y de la que resbalaron algunas gotas de sangre. La joya brilló fulminantemente, haciendo que el ladrón se quedara aturdido, paralizado, aparentemente dominado por la poderosa luz. Todo parecía haberse vuelto rojo, una extraña pero grata sensación de poder recorrió mi espina dorsal.
Sobre la piedra vi cómo las salpicaduras de sangre se fundieron hacía el corazón de la gema que por unos segundos se volvió oscura y malévola. Y tuve una visión, temblorosas imágenes de otras épocas, de poderes alquímicos, brujerías, y rituales, antecedentes de dominación y absolución. Sentí miedo pero no me atreví a deshacerme del anillo, quizá porque era mi mejor escudo contra el asaltante.
–¡Quieto! –le ordené, y él ladrón se convirtió en estatua.
Parecía imposible pero ahora era a mí a quien el anillo obedecía. Me temblaron las manos. La magia del objeto se hizo débil y el ladrón gruñó empezando a deshacerse de la hipnosis. Buba ladró avisándome. No podía dudar, era urgente que actuara bien y con rapidez. Empuñando el anillo le apunté con él.
–Siéntate ahí, no me mires, harás lo que yo te diga, reconocerás tus delitos, todos, devolverás lo que has robado, te vas a entregar, ni siquiera imagines que te libraras de esto, ¡quiero que te arrepientas, que confieses, y que acabes en la cárcel! Di que si…
–Sí –le oí decir.
–Vamos, ¡rápido!, hazlo ahora mismo. Di que sí…
–Sí –fue un sí tan sumiso y resignado como inmediata fue acatada mi orden.
El ladrón llamo a la policía y se entregó allí mismo.
Desde la ventana vi como las luces estroboscopicas del coche policial resplandecían.

Anonadada observé el radiante anillo. ¿Debería entregarlo? Tuve esa idea fugaz. Trataba de decidirlo pero ese rumor no me dejaba razonar, las moscas seguían zumbando a mí alrededor y no me dejaban pensar, así que de manera inconsciente dirigí el anillo hacia esos majaderos insectos. Funcionó. Cesó su zumbido, se apagó el incordio, y la mosca escapó calladamente por la ventana abierta. Abierta se quedó mi boca. ¿Significaba eso que la magia del anillo afectaba a cualquier cosa viva del planeta? Increíble, y pensé que después de todo era inútil deshacerme del objeto, nadie me iba a creer, ¿quién lo haría?, además no se veía tan mal en mi dedo, así que tuve una idea mejor…



música: Audioslave-Sound of a gun


sábado, 16 de septiembre de 2017

El despertador humano


 

Seguro que tú también te lo has preguntado, pero antes de la invención del despertador –un invento que podríamos denominar de reciente creación (apenas tres siglos)–, ¿cómo se levantaban de la cama a tiempo?

Buceando en información recopilada, y según consta, en 1787 el relojero Levi Hutchins movido no solo por el ingenio, sino por los imperativos de su oficio (mientras sus coetáneos se levantaban con la salida del sol, el señor Levi debía hacerlo a las 4 de la mañana, lo que obviamente le impedía valerse para estos fines de la luz del astro rey), añadió un mecanismo de apariencia trivial a la manecilla pequeña de su reloj que activaba una campanilla cuando llegaba a una hora determinada, creando así el primer despertador tecnológico de la historia. Porque si hablamos de despertadores, tenemos que mencionar que ya existían ingenios elaborados en diferentes épocas y lugares destinados a medir y a avisar del tiempo trascurrido: la clepsidra, de origen mesopotámico que delimitaba fracciones de tiempo, según lo que tarda una cantidad de agua en pasar de un recipiente a otro de iguales dimensiones; el reloj de sol egipcio, vinculado en principio a funciones sacerdotales; el pájaro mecánico inventado por los griegos (250 a.C.), que sonaba cuando subían la mareas; los campanarios de las iglesias comunales que tañían, en los albores del mercantilismo (siglo XII), al ritmo de las actividades de comerciantes y artesanos; el reloj de arena usado para establecer la duración de las misas (siglo XVI), o el cuerno utilizado por los encargados para despertar a los trabajadores de los talleres en los distritos textiles ingleses (siglo XVI).

Pero hoy te quiero hablar del más curioso de todos: el despertador humano.
Hace ya varios años, cuando el avance tecnológico aún iba lento, trabajar en las ciudades era una costumbre muy popular y la gente vivía a partir de horarios establecidos en vez de horarios “naturales”, como se usaba en trabajos de campo.


Por el año de 1920 aún no existían los relojes despertadores, por lo que la sociedad tuvo que acudir a una solución más simple: pedirle a alguien que les tocara la puerta por la mañana.
El knocker-upper fue una profesión durante la Revolución Industrial en Inglaterra e Irlanda alrededor de 1920 y su trabajo consistía en despertar a la gente para que llegaran a sus respectivos trabajos a tiempo.
No era tan sencillo, los que se dedicaban a esto tenían herramientas especiales, utilizaban una vara para golpear la puerta de sus clientes o arrojaban piedras a sus ventanas. A ellos les pagaban de manera semanal y ni siquiera se cercioraban de que el cliente hubiera despertado. Cuando el cliente vivía en un edificio alto, el despertador golpeaba hasta la ventana con una vara lo suficientemente larga.
Muchas personas que se dedicaban a esto, en especial en las ciudades más desarrolladas como Manchester, eran hombres y mujeres viejos y algunos oficiales que buscaban ganar un dinero extra.

Cabe destacar que Charles Dickens hace mención de esta curiosa costumbre en su libro “Grandes Esperanzas”. Un oficio de ayer que ya no tiene tiempo ni sitio en la sociedad de hoy.



Fuentes:

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