sábado, 16 de septiembre de 2017

El despertador humano


 

Seguro que tú también te lo has preguntado, pero antes de la invención del despertador –un invento que podríamos denominar de reciente creación (apenas tres siglos)–, ¿cómo se levantaban de la cama a tiempo?

Buceando en información recopilada, y según consta, en 1787 el relojero Levi Hutchins movido no solo por el ingenio, sino por los imperativos de su oficio (mientras sus coetáneos se levantaban con la salida del sol, el señor Levi debía hacerlo a las 4 de la mañana, lo que obviamente le impedía valerse para estos fines de la luz del astro rey), añadió un mecanismo de apariencia trivial a la manecilla pequeña de su reloj que activaba una campanilla cuando llegaba a una hora determinada, creando así el primer despertador tecnológico de la historia. Porque si hablamos de despertadores, tenemos que mencionar que ya existían ingenios elaborados en diferentes épocas y lugares destinados a medir y a avisar del tiempo trascurrido: la clepsidra, de origen mesopotámico que delimitaba fracciones de tiempo, según lo que tarda una cantidad de agua en pasar de un recipiente a otro de iguales dimensiones; el reloj de sol egipcio, vinculado en principio a funciones sacerdotales; el pájaro mecánico inventado por los griegos (250 a.C.), que sonaba cuando subían la mareas; los campanarios de las iglesias comunales que tañían, en los albores del mercantilismo (siglo XII), al ritmo de las actividades de comerciantes y artesanos; el reloj de arena usado para establecer la duración de las misas (siglo XVI), o el cuerno utilizado por los encargados para despertar a los trabajadores de los talleres en los distritos textiles ingleses (siglo XVI).

Pero hoy te quiero hablar del más curioso de todos: el despertador humano.
Hace ya varios años, cuando el avance tecnológico aún iba lento, trabajar en las ciudades era una costumbre muy popular y la gente vivía a partir de horarios establecidos en vez de horarios “naturales”, como se usaba en trabajos de campo.


Por el año de 1920 aún no existían los relojes despertadores, por lo que la sociedad tuvo que acudir a una solución más simple: pedirle a alguien que les tocara la puerta por la mañana.
El knocker-upper fue una profesión durante la Revolución Industrial en Inglaterra e Irlanda alrededor de 1920 y su trabajo consistía en despertar a la gente para que llegaran a sus respectivos trabajos a tiempo.
No era tan sencillo, los que se dedicaban a esto tenían herramientas especiales, utilizaban una vara para golpear la puerta de sus clientes o arrojaban piedras a sus ventanas. A ellos les pagaban de manera semanal y ni siquiera se cercioraban de que el cliente hubiera despertado. Cuando el cliente vivía en un edificio alto, el despertador golpeaba hasta la ventana con una vara lo suficientemente larga.
Muchas personas que se dedicaban a esto, en especial en las ciudades más desarrolladas como Manchester, eran hombres y mujeres viejos y algunos oficiales que buscaban ganar un dinero extra.

Cabe destacar que Charles Dickens hace mención de esta curiosa costumbre en su libro “Grandes Esperanzas”. Un oficio de ayer que ya no tiene tiempo ni sitio en la sociedad de hoy.



Fuentes:

sábado, 9 de septiembre de 2017

+⑨


Bohemio Mundi suma años: ¡¡nueve!!
Estamos de celebración en el blog, así que no podía pasar por alto esta fecha, es ya una tradición. Al ser una planeta en constante construcción ya te he hablado antes de este mundo que se mueve, que crece, que se expande en sus nuevos rincones, esos espacios dónde la creatividad crece, el amor se siembra, la paz se planta como un jardín de girasoles y la música se vuelve cascada y rio, no furioso pero si plácido y brillante como una laguna que refleja la luz de la luna, mi astro favorito. Nuestro planeta bohemio recibe la cálida luz del sol, de esa que llevan consigo sus eventuales pero sobre todo estables visitantes, darle las gracias a cada uno de los seguidores y comentaristas del blog por traer tanta luz a este planeta.

Hoy quiero profundizar más en esta cifra, porque el nueve es un número muy especial, los antiguos Caldeos dirían que mágico, místico, que está en todo lo que nos rodea.
El 9 suma…
Si sumas todos los números de nuestro sistema  numérico 1+2+3+4+5+6+7+8+9= 45, reducido el 4+5= 9
Si se suma o se multiplica a su propio múltiplo, el resultado es si mismo ej: 9x1= 9, 9x2= 18, 1+8= 9, 9x3= 27, 2+7=9, etc.
Un Gran Año Sideral equivale a 25.920 años. Estas cifras sumadas 2+5+9+2+0= 18, que reducido es el número simple 9.
En cada día hay 86.400 segundos que reducidos suman 18,  1+8=9
Un círculo (símbolo de la rueda de la vida) tiene 360 grados, 3+6= 9
El ritmo normal de respiración para el ser humano medio es de dieciocho veces por minuto 1+8=9
El ritmo cardíaco medio es de 72 latidos por minuto, 7+2= 9
La cantidad de latidos por hora suma 4.320, 4+3+2+0= 9
En 24 hrs. tu corazón late un promedio de 103.680 veces, 1+3+6+8+00 = 18= 1+8= 9
En ese mismo período respiras como promedio 25.920 veces, es decir la misma cifra que un Gran Año Sideral.
En Astrología los aspectos armoniosos o ángulos formados entre los planetas son de 30, 60 y 120 grados, que reducidos dan los armónicos 6 y 3; sin embargo los aspectos inarmónicos corresponden a los ángulos entre planetas de 45, 90 y 180 grados, cifras equivalentes a 9.
Los investigadores han descubierto que se producen cambios mundiales con consecuencias arrasadoras cada 180  años 1+8+0= 9
El Novendial (9) era un ayuno que se hacía en la primitiva Iglesia Católica Romana, para evitar catástrofes y calamidades de cualquier especie. De ella proviene la actual práctica que duran nueve días denominadas "novenas".
Hoy en día en el comercio basta con rebajar un centavo o elevarlo hasta la cifra 99 para atraer compradores. Cuando el potencial cliente ve el número 9 repetido en su inconsciente se produce "la orden de compra".
El 9 es usado 49 veces en la biblia
9 es el cuadrado de 3 y 3 es el número de la perfección divina.
El 9 puede ser representado por 3 triángulos que simbolizan los triples aspectos del hombre: cuerpo, alma y espíritu, esto indica que el 9 es el numero de la universalidad, de la conciencia amplia que todo lo abarca.



Mas curiosidades asociadas al número 9:

9 Veces que se casó Pancho Villa, todas por la Santa Madre Iglesia Católica Apostólica y Romana.
9  Sinfonías compuestas por Beethoven.
9  Círculos del Infierno en la Divina Comedia de Dante Alighieri.
9  Vidas de un gato, según los anglosajones.
9  Meses de gestación de los humanos.
9 Musas: Calíope (elocuencia, belleza, poesía épica  y canción narrativa), Clío (historia y epopeya), Erato (poesía lírica-amorosa y canción amatoria), Euterpe (música, especialmente la de flauta), Melpómene (tragedia), Polimnia (cantos y poesía sacros), Talía (comedia y poesía bucólica), Terpsícore (danza y poesía coral) y Urania (astronomía, poesía didáctica y ciencias exactas).


¡Y ahora que siga la fiesta, estáis invitados a tarta!



Fuentes :

jueves, 31 de agosto de 2017

Literatura en una palabra IV

La lectura es el mejor ejercicio para el cerebro, le da agilidad, lo hace preciso, agudo y despierto, la lectura hace a la persona completa, la eleva, la llena, le hace recrearse, vivir, soñar, creer. La lectura siempre ha sido una parte importante en Bohemio Mundi. Hace siglos que no comparto reseñas o impresiones sobre libros, y hoy quiero remediar eso, no con muchas palabras, sólo con una, una sola.
Aquí van algunas palabras, algunos libros y mis impresiones personales, puedes estar de acuerdo o no. Una bohemia espera tus comentarios. ¿Has leído alguno de estos libros? ¿Opinas como yo? ¿Tendrías alguna recomendación que hacerme?
Como siempre, ¡feliz lectura!

“Confesiones de una heredera con demasiado tiempo libre” de Belén Barroso. “Tres abuelas y un cocinero muerto” de Minna Lindgren.Yo antes de ti” de Jojo Moyes. “De hombres y langostas” de Elizabeth Gilbert. “El exorcista” de William Peter Blatty. “Alas de fuego” de Laura Gallego. “Ready Player One” de Ernest Cline. “Una vacante imprevista” de J.K.Rowling. “El corredor del laberinto” de James Dashner. “Cada siete olas” de Daniel Glattauer. “Ciudades de papel” de John Green. “La isla de Alice” de Daniel Sánchez Arevalo. “El hogar de miss Peregrine para niños peculiares” de Ramson Riggs. “Alguien como tú” de Xavier Bosch. “El noviembre de Kate” de Mónica Gutiérrez. “Martina con vistas al mar” de Elisabet Benavent.  






Mas aquí↓:

viernes, 25 de agosto de 2017

Esther Gili


Me encanta su trabajo, es precioso, colorido, su estilo es fresco, nada sobra, los colores fluyen con armonía, sus imágenes tienen chispa y carisma. Hoy te presento a esta genial ilustradora de nombre Esther Gili.

Esther Gili (Madrid, 1981 estudió Ilustración en la Escuela de Arte n.10 de Madrid. Desde entonces trabaja como ilustradora para varias editoriales y colabora regularmente con el estudio USER T38 realizando ilustraciones y storyboards para cine y publicidad. Ha recibido varios premios de cómic e ilustración, como el INJUVE o el Jóvenes Creadores de Madrid.
LIBROS
"Olivia y las plumas" editado por Kireei (2017).
"39 Semanas y mis experiencias como madre novata" editado por Lunwerg (2016).
"Palabras de Sirena" editado por  Mosquito Books (2016).
"Encantadas" editado por Lumen Infantil (2015).
"Cantar de Mio Cid" colección clásicos a medida de Anaya (2007).
LIBROS DE TEXTO
Ilustraciones para la editoriales Anaya, Santillana, SM, Oxford University Press y Edelvives.
PUBLICIDAD
Ilustraciones para los siguientes clientes a través de USER T38.
Panrico, Minute Maid, Camper, Tierra de Sabor, Ing, Honda, Cacique, Movistar, La Caixa, Marcilla,  Azucarera, etc.
CINE
Ilustraciones para "Zipi y Zape y el club de la canica" de Oskar Santos.
Ilustraciones para la película “Guerrilla” de Steven Soderberg.
Ilustraciones de los mapas de arranque de la película “Alatriste”  de Agustín Díaz Yanes.
Ilustraciones para el libro de las encrucijadas que aparece en la película “El Laberinto del Fauno” de Guillermo del Toro.
COMIC
Participación en "La Vieille dame qui n´avait jamais joué tennis" de ediciones Dupuis.
Participación en los Monográficos Arruequen.
Participación en “Guernica variaciones Gernika” de la Semana Negra de Gijón.
Participación en el álbum “Lanza en astillero” de Ediciones Sins entido.
Participación en el álbum “Tapa roja” de Ediciones Sins entido.
Participacion en la Dos Veces Breve nº3 y nº6.






 







jueves, 17 de agosto de 2017

Calma chicha

No me apetece llenarme de arena, raspa, es un incordio, la llevas siempre encima, se cuela por debajo del bañador, se escurre entre los dedos de los pies, se mete en las orejas y entre el pelo, es una lija insoportable que, grosera, me araña siempre que la brisa cambia de dirección. He protestado muchas veces ante mis padres durante el trayecto pero ellos creen que es una inútil exageración, una excusa en la que me parapeto para no admitir que los sucesos acontecidos en una playa similar a esa hace dos años me han dejado alguna grave secuela psicológica. No es verdad, ya casi lo he olvidado, pero son ellos quienes siempre lo traen a mi presente, y a mi memoria, y a mi modo de ver no creo que les parezca una carga incómoda, creo que les sirve como justificación ante el mundo para mi extraña forma de ser. “Si el pobre no hubiera sido testigo de aquel trágico acontecimiento…”. “¿Qué?”, me pregunto yo para terminar la frase, y creo que sé lo que responderían: “Que no estarías como una regadera”.
Nunca he creído que estuviera loco, aunque admito que ese cuaderno lleno de dibujos extraños no es algo que sea muy normal en un chico de doce años. Supongo que ese es el motivo para estar aquí. Aunque imagino que los consejos de Orlando, mi psiquiatra, un hombre empeñado en rescatar a mi joven mente de un próximo naufragio, han tenido algo que ver.
El olor a algas me revuelve las tripas en cuanto pongo un pie en tierra firme. Se trata de una cala pequeña, de arena blanca y satinada. La orilla está copada por bañistas de pieles oscuras, tumbados en sus tumbonas de rayas parecen en conjunto unos torreznos bien hechos a la espera de que los retiren de la sartén, lejos de ese aceite que chirría. Se oyen risas y chapoteos. Arriba vuelan algunas cometas de kitesurf y me quedo un instante fascinado por sus colores. Mis padres me han preparado una nueva jugarreta cuando me presentan a Nico y Andrea, dos niños de mi edad hijos de unos compañeros suyos de trabajo. Quieren que sea un chico alegre y social, normal, pero yo tengo miedo de que se rían de mí, he prometido que no me separaría de mi flotador, sé que resulta infantil y bastante bobo, pero no han podido convencerme de que lo dejara en casa. Sus condiciones pero también las mías, ese era el trato.
La arena se siente bastante blanda bajo la planta de mis pies, pero está demasiado caliente. El viento cesa y el mar parece un plato. Bajo esa quietud puedo distinguir en el agua algunos pequeños bancos de peces irisados, lo que de manera fortuita hace que mi respiración se vuelva superficial e incontrolable.
–¿Te pasa algo? –Me pregunta uno de los niños– Estás sudando mucho…
Y sin avisar tira de mi mano y me lleva hasta donde aguarda su pandilla. Nos presentamos sin demasiado ingenio. “Esta es María, este es Jonathan, ella es Carlota, y esos dos son Daniel y Simón”. Me fijo en sus ojos, en sus pecas, en los dientes torcidos, en las minúsculas motas de conchas y esqueletos de crustáceos que se han adherido a sus talones.
Sus temas de conversación giran en torno a cosas de las que no sé nada: youtubers, haters, trolls, y cosas que no me interesan… Me entero de que María quiere ser maquilladora, y que Simón ya es cocinero, descubro que María vive a cinco calles de mi casa, María descubre que yo vivo en su mismo barrio, y Carlota comenta como sin querer que sabe que me enchufan pastillas antidepresivas porque Andrea se lo ha dicho, al parecer por un descuido de su madre, ella ha leído “Heridas Emocionales”, Jonathan no lo ha leído pero se muestra interesado, y suena falso cuando le propone que se lo preste un día de estos, demasiado simpático. Daniel interviene para decir (presumir y cambiar de tema) que ha estado en el parque de Harry Potter no hace mucho. Le doy vueltas a que podría hacer un esfuerzo y contar algo más pero entonces todos reparan en mi flotador.
Se mofan. Lo ven ridículo, y llegan a ser crueles sin necesidad. Me enfado, mi cara se acalora, mi estomago se contrae. No me gusta lo que hacen, lo que dicen, que lo toqueteen, que hagan bromas, que me miren con esos ojos oblicuos y burlones, ¡no saben nada, no entienden nada! Les arrebato el flotador ansioso. Lo es, es ridículo, y no tengo justificación. En realidad sí… podría contarles todo, y no, no puedo atar a mi lengua.
Les cuento lo tranquilo que estaba el mar aquel día de hace dos años, tan en calma, tan plano, hago una comparación de las olas muertas con ese mismo mar que tenemos delante, hasta les advierto que podría ser el mismo…
“Sabéis, aún lo veo, a ese niño descuartizado sobre la arena, vi la sombra de lo que le atacó, era oscura y alargada, por un momento creí que se trataba de una nube reflejada, pero la sombra emergió del agua, aquella sombra tenía dientes como cuchillos, que se hincaron en aquella carne tierna y blanca, oí gritar al niño, lo vi chapotear, sus ojos asustados me miraron buscando ayuda, su boca se abrió vomitando sangre, oí masticar a la bestia. Era un tiburón de seis metros. Sucedió todo muy rápido, pero yo lo recuerdo como algo interminable, sobre todo nadar de vuelta a la playa aterrorizado, grité tanto, tragué tanta agua. Cuando por fin llegué a la orilla me arrojé sin fuerzas, incapaz de moverme, paralizado. Quieto sobre la arena sentí que algo chocó contra mis pies, desvié los ojos asustado, era un brazo humano, el agua era una sopa llena de pedacitos de carne, tropezones de grasa y huesos, que yo me había tragado en mi frenética carrera hasta la orilla. No sé que fue del niño, sólo sé que los que iban subidos sobre colchonetas y flotadores se deslizaban más rápido sobre el agua, mucho más que los que nadaban a brazo partido, ¡si yo hubiera tenido un flotador de esos, si aquel niño hubiera tenido uno…!”
Sé que empiezo a ser desagradable cuando les hablo de aquel brazo amputado, del muñón arrancado, de los colgajos de piel, del olor de la sangre, del color de esa carne muerta, ¡y quiero que se estremezcan!, me divierte hacer que se asqueen, se lo tienen merecido por meterse con un niño traumatizado. Así que sigo contando cosas, detalles, hasta que todos profieren un grito asqueado y salen corriendo lejos de mí espantados y horrorizados.
–¿Que les has contado? –Mi padre aparece detrás de mí y no se le ve feliz.
–Nada papá –ensayo mi mejor cara de inocente–, les hablaba de mi flotador.
Pero él lo sabe, los dos lo saben, mamá también, que lo que vi aquel día dejó una marca en mi mucho más profunda que el mordisco de un tiburón. 



lunes, 31 de julio de 2017

Bandas musicales y obras literarias




Hay un idilio que nunca falla, la que une la música y la literatura: música dentro de la literatura, literatura dentro de la música,  músicos que escriben o escritores melómanos que hacen mención de las canciones o las bandas que más les inspiran y conmueven.


The Velvet Underground
También es el título de un libro sobre sadomasoquismo de Michael Leigh titulado exactamente "The Velvet Underground" que un amigo de Reed y Morrison y hermano de Maureen Tucker, encontró tirado en la calle.



The Doors
Es conocida la irremediable relación letras-música de Jim Morrison, por lo que el también escritor tomó el nombre para la banda del ensayo "The doors os perception” de Aldous Huxley, quien a su vez, se había inspirado en una cita del poeta William Blake.



Belle&Sebastian
La banda escocesa tomó su  nombre de una colección de libros infantiles llamada Belle et Sébastien por Cécile Aubry que también fue una serie de televisión en 1965. En esta historia se relatan las aventuras de Sébastien y su perro Belle.



Joy Division
Originalmente tenían el nombre de "Stiff Kittens" y aunque así aparecieron en algunos folletos de presentación, al grupo nunca le agradó ni lo aceptó oficialmente. Joy Divison, como los conocemos, proviene de la novela "La casa de las muñecas" del escritor judío Yehiel Feiner, allí describía las “Joy divisions”, grupos de mujeres judías usadas como esclavas sexuales por los nazis como una forma de luchar contra los tabúes.



Moloko
El nombre del dúo británico se inspira en la novela La naranja mecánica de Anthony Burgess, donde Moloko significa leche (de la palabra ucraniana para leche молоко). Exactamente es el nombre de una bebida láctea que Alex y sus "drugos" consumen mezclada con narcóticos.



Moby
Richard Melville Hall tomó su segundo nombre por Herman Melville, su tío bisabuelo, responsable de la famosa obra "Moby Dick", de la cual, tomó su nombre artístico.


Fuentes:

lunes, 24 de julio de 2017

Los amantes sin nombre

Siempre habían estado juntos, así que no podía recordar la primera vez que se vieron. Debió ser en la casa de su primo, continuamente llena de visitas y vecinos. Ella era libre como un pájaro, jovial y divertida, una niña consentida que no sabía demasiado de la vida, igual que le pasaba a él. Jugaban juntos pero nunca la vio como una amiga, ella era demasiado despreocupada como para tomarla en serio o plantarle una etiqueta. 
Naturalmente pasaron de jugar a juguetear. No sabía si era amor lo que le llevaba a mirarla con otros sentimientos porque lo que sabía del amor era que debía ser un acto hermoso entre dos personas enamoradas, el amor debía ser una unión de afecto, de entrega, una alianza solemne, pero no había sido así, no había empezado así.
Había habido deseo, había habido cierta ferocidad, y un poco de morbo, y un poco de turbación por si eran descubiertos, y urgencia, había habido urgencia cuando él cruzó la habitación, la tomó por los hombros, la levantó de la silla y aparatosamente la besó en los labios. Durante un rato sintieron que podían comerse a besos... y boqueando ambos intentaron respirar sin conseguirlo. Sus pies tropezaron. Sus manos se rodearon por las cinturas. Cayeron sobre el sofá uno sobre el otro, con los ojos relampagueando de avidez. Cuando los labios se pusieron libidos él la curó posando su boca sobre su boca, y así la alivió, saboreando con gusto, lentamente, la jugosa carne de sus labios. Ninguno sabía que se podía sentir todo aquello y celebraron aquel descubrimiento muchas más veces. Siempre a solas, a escondidas, como dos amantes clandestinos.
Entonces él se enteró que ella siempre había sido la novia de su primo, y en el fondo no se sorprendió ni se sintió traicionado. Se alejó, eso sí, y trató de mantenerse a un lado. No podía desaparecer del todo así que intentó anestesiar sus sentimientos, apagarlos, frenarlos, contenerse… Fue ella la que no se ató, la que no renunció a la pasión que sentía estando a su lado, esa pasión que era la medicina que nunca recibía, la que su novio nunca le ofrecía. Con ese argumento volvió a su lado, siempre de manera secreta, siempre velando por no ser descubiertos. Y fue fácil hacerlo, al menos durante un tiempo.
Su lugar favorito para encontrarse era allí donde crecía la hierba alta, al otro lado del caserón, donde terminaban las lindes de la propiedad. Recostados boca arriba cerraban los ojos a la brisa, medio despiertos, semidesnudos, embrujados por el sonido que el viento emitía al pasar rozando las hojas de los árboles. Respiraban juntos, hondo, creyendo que todo sería siempre tan dulce como ese sonido.
Pero la clandestinidad empezó a pesar, y en parte también los celos, esa tristeza que se le antojaba un cuchillo en su corazón cuando sus dedos repasaban sobre el cuerpo de ella las señales que otro amante había grabado a fuego y saliva sobre su cuello.
–Me voy –le dijo un día–, no soporto sentirme así, tan frágil, tan asustado por lo que siento, por lo que haría por ti, tan abatido, tan vencido por tu ser, por tu cuerpo, por tu risa, por tu aliento… y por ti.
Y el tiempo siguió su marcha hacia adelante. Unas cuantas vueltas al sol más tarde volvieron a coincidir. Ella ya era una mujer casada. Él no aspiraba a ello ni lo buscaba. Respetaba a su primo pero seguía siendo débil y volvió a sucumbir. Volvió la pasión, la urgencia, la necesidad, y vino acompañada de un furioso compañero; la posesión.
En público él hacía como si no se soportaran, y a otros ojos parecería que él se conformaba con un roce accidental, una mirada furtiva, un saludo casual para sentirla cerca, ese escueto momento del beso en la mejilla para oler su piel, para sentir su calor… En privado era todo muy distinto, porque en su escondite la maleza seguía creciendo alta pero la brisa ya no era fragante ni dulce.
–Tengo miedo cuando me miras así –Le confesó ella en uno de sus encuentros, cuando, piel con piel, sus senos pequeños y redondos presionaban aquellos otros, lisos y suaves, que trasportaban hasta su nariz un ligero aroma a hierba sesgada.
–Y yo –susurró él muy despacio en su oído–, tengo miedo de sentir ciertas cosas que aún están en mí, que me arañan y me consumen, sin embargo, ¿por qué te quiero?
–No deberíamos seguir con esto, no podemos, ya hay rumores, sabemos que nuestros actos traen consecuencias…
–¿Desde cuándo te importa eso?
¿Le importaba? Él tenía razón, no lo hacía. Y por otro lado estaban demasiado atrapados en su espiral amorosa como para salir indemnes de ello. Nunca serían un capítulo cerrado.
–Me acerco a ti y tú huyes, te tiendo mi mano y la rechazas. Sólo hay un lugar en el que realmente seas mía y es este… –Él apresó con sus manos su rostro–. No, no hagas eso, entornas los ojos cuando estas cansada, no quieres decir adiós, no quieres decir hasta aquí, no quieres ver ni sentir esto, pero siempre vienes y sientes esto, hay algo en ti que sólo se quiere dejar llevar, antes te creías fuerte ahora eres sólo débil…
–¿Hasta cuándo podremos seguir con esto?
–¿No puede ser para siempre?
Y sintió que en realidad ya habían pasado una eternidad allí tumbados, en la hierba, sobre la tierra, sin que importara nada ni nadie, esclavos de algo que no deberían sentir y que sin embargo sentían, explotando una pasión que nunca terminaba.




“Y así dos orillas tu corazón y el mío, pues, aunque las separa la corriente de un río, por debajo del río se unen secretamente”.

José Angel Buesa
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